IV cumbre de regiones sobre seguridad y soberanía Alimentaria, Hambre cero

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IV cumbre de regiones sobre seguridad y soberanía Alimentaria, Hambre cero

Las últimas informaciones sobre el estado de la seguridad alimentaria mundial muestran signos cada vez más preocupantes

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Av. Alemania 945, Temuco, Araucanía Av. Alemania 945 Temuco, Araucania 4780000 Chile

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Tras varias décadas de considerables avances en la reducción del número de personas hambrientas, la inseguridad alimentaria y todas las formas de malnutrición aumentan año tras año, a raíz de las crecientes nuevas amenazas. El informe de 2020 sobre “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo” de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) presta especial atención al deterioro de la situación alimentaria y plantea una legítima preocupación al respecto. Dicho informe muestra la vinculación de la fragilidad alimentaria mundial no sólo a la precariedad económica, sino también a los conflictos político-sociales, a la variabilidad climática, a los fenómenos meteorológicos extremos, al debilitamiento de la economía mundial, así como a la aparición de pandemias, como la de la COVID-19.

La pandemia de la COVID-19 ha empeorado las perspectivas económicas mundiales de un modo que nadie podría haber anticipado, agudizando el número de personas subalimentadas en el mundo. Según el informe 2020 de la FAO, cerca de 690 millones de personas, es decir el 8,9% de la población mundial se encuentran en esta situación. No obstante, el informe sugiere que, a raíz de la COVID-19, se puede añadir entre 83 y 132 millones de personas a la cifra anterior. Cuando indagamos en los anteriores datos emerge el fenómeno de las desigualdades en relación con los distintos continentes. Asia y África son los continentes donde se encuentra el mayor número de personas expuestas a niveles severos de inseguridad alimentaria. Asimismo, la aparición de nuevas zonas de conflicto en Oriente Medio, a raíz de las primaveras árabes, ha debilitado el equilibrio alimentario, exponiendo la región a un estado agravado de inseguridad alimentaria.

Otra cuestión fundamental que surge en la arena internacional, más allá de la falta de alimentos, es la calidad de estos. Según la FAO, las dietas saludables son inasequibles para más de 3.000 millones de personas en el mundo, pues se estima que son más caras que las dietas que solo satisfacen las necesidades básicas de alimentación. Estas tendencias contribuyen especialmente al incremento del riesgo de malnutrición y sobrepeso infantil.

El problema que se plantea no radica en la falta de alimentos necesarios para abastecer a toda la población, sino en el hecho de cómo se reparten estos recursos. Resulta inaceptable que, en un mundo donde los niveles de producción alimentaria se encuentran en su máximo histórico, más de 1 500 millones de personas no se puedan permitir una dieta con los nutrientes esenciales. La desigualdad, piedra angular de nuestros sistemas alimentarios, es, por tanto, una de las principales causas de la inseguridad alimentaria. Según el informe de la FAO, las desigualdades en los sistemas alimenticios y sanitarios aumentan exponencialmente las desigualdades en los resultados nutricionales que, a su vez, pueden generar otro tipo de irregularidades y perpetuar un círculo vicioso. Además, estos desequilibrios son perceptibles a nivel geográfico, con una creciente dicotomía entre las zonas urbanas y rurales, donde los problemas de sobrealimentación en las ciudades y de desnutrición y malnutrición en las zonas rurales coexisten en el mismo país.